Si Arpineh Masihi pudiera votar, lo habría hecho por Donald Trump. Es una ferviente defensora del presidente estadounidense, incluso ahora que está detenida por ser inmigrante ilegal.
"Está haciendo lo correcto porque muchas de estas personas no merecen estar aquí", le dijo Arpineh a la BBC por teléfono desde el centro de detención de inmigrantes de Adelanto, en el desierto de Mojave, California.
"Lo apoyaré hasta el día de mi muerte. Está haciendo que Estados Unidos vuelva a ser grande".
A 96 km de distancia, en su casa de Diamond Bar, una adinerada ciudad al este del condado de Los Ángeles, una bandera de Trump ondea en el patio delantero.
En una repisa a la entrada hay sombreros con las iniciales MAGA (Hagamos a EE.UU. grande otra vez) junto a un álbum de fotos de la familia y pájaros trinando en una jaula.
Es un hogar animado, con tres perros y cuatro niños pequeños, y el esposo y la madre de Arpineh, con los ojos vidriosos y agotados por la preocupación, intentan mostrarse valientes.
"Nuestro hogar está destrozado", dice Arthur Sahakyan, el esposo de Arpineh.
"Todos cometemos errores"
En muchos sentidos, Arpineh, de 39 años, es una historia de éxito estadounidense: un excelente ejemplo de cómo el país ofrece segundas oportunidades, e incluso terceras.
La madre de Arpineh llora al hablar de su hija, que vive en Estados Unidos desde los 3 años.
Pasó por una mala racha hace muchos años, en 2008, cuando fue declarada culpable de robo y robo mayor y condenada a dos años de prisión.