Los Pescadores, en el occidente de Venezuela, dejó de ser en un santiamén aquel barrio desconsolado desde marzo porque cuatro de sus muchachos habían sido deportados de Estados Unidos a El Salvador.
Este martes, a las 4.15 de la tarde, sus veredas se colmaron de algarabía y fiesta al recibirlos de vuelta.
"Volver a casa", la canción de Cáceres que se ha convertido en himno del emigrante venezolano que retorna a su país, sonaba a todo volumen cuando Mervin Yamarte, de 29 años, Edwar Herrera (23), Andy Perozo (30) y Ringo Rincón (39), llegaron a su barriada, en la ciudad de Maracaibo.
Resonaban también las cornetas de una caravana de motos que los escoltó desde un comando militar cercano, donde habían parado tras haber viajado en bus desde Caracas durante más de 15 horas. Sus cabezas, así como las de una multitud de familiares y vecinos, quedaron cubiertas de espuma blanca.
"Es un infierno lo que vivimos", dijo Mervin a la prensa enseguida que entró a la casa de su madre, Mercedes, secándose sus lágrimas y el sudor que corría por su rostro bajo un sol bravísimo, con su hija de 6 años en sus brazos.
Sus familiares lo sorprendieron ya dentro de casa con varios regalos, también decorados: un vaso térmico; un reloj; un par de perfumes; y chocolates.
Mervin y sus amigos, así como varias docenas de venezolanos, estuvieron encarcelados más de cuatro meses en la cárcel de máxima seguridad de El Salvador, el CECOT, tras haber sido deportados por Estados Unidos, en marzo.
Los cuatro fueron arrestados en Texas por presuntos delitos migratorios y por haber sido perfilados como supuestos miembros de la peligrosa banda delincuencial venezolana el Tren de Aragua (TDA).
Negociación y canje
Unos 252 venezolanos encarcelados en el CECOT, entre ellos los jóvenes de Los Pescadores, fueron dejados en libertad el viernes y repatriados en medio de negociaciones entre los gobiernos de Donald Trump y Nicolás Maduro.
El acuerdo incluyó las excarcelaciones -y su viaje inmediato a Estados Unidos- de 10 estadounidenses detenidos en Venezuela y de unos 80 presos políticos venezolanos, de acuerdo con las versiones oficiales de Washington y Caracas.
Empleado de una fábrica de tortillas en Texas al momento de su detención, Mervin agradeció a Dios y a Maduro por sus diligencias diplomáticas. No perdió tiempo para denunciar abusos físicos y psicológicos en el CECOT.
"Nos decían que el que entraba no salía. El director [del CECOT] nos dijo que no íbamos a comer más nunca carne. Todo lo que sufrimos es cierto", apuntó, detenido frente a una decoración de globos del tricolor nacional.