PARÍS.– Para algunos fue “una humillante capitulación”, para otros “era lo mejor que se podía conseguir”. Como era de esperar, el acuerdo alcanzado el lunes en Escocia por la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, agitó las aguas de la división entre los 27 miembros de la Unión Europea (UE).
“Es un día oscuro aquel en que una alianza de pueblos libres, reunidos para afirmar sus valores y defender sus intereses, se resuelve a la sumisión”, escribió el primer ministro francés, François Bayrou, en X, este lunes resumiendo la posición de Francia sobre ese acuerdo.
Bayrou no es el único que recibió fríamente el acuerdo en París.
“Es un acuerdo que permite aportar estabilidad, pero que sigue siendo desequilibrado”, dijo este lunes Marc Ferracci, ministro encargado de Industria y Energía.
“Estados Unidos decidió imponer por la fuerza una nueva ley de la selva”, añadió su colega delegado al Comercio Exterior, Laurent Saint-Martin.
“La situación no es satisfactoria y no puede ser duradera. El libre comercio que ha hecho la prosperidad compartida de ambas orillas del Atlántico desde el final de la Segunda Guerra Mundial es hoy rechazado por los Estados Unidos, que optan por la coerción económica y el desprecio total de las reglas de la OMC. Es un cambio estructural", advirtió, por su parte, el ministro delegado para Europa, Benjamin Haddad.
Y, aunque Francia en voz baja considera lo pactado como “un mal menor”, no es la única que manifestó su descontento. Dentro de la Unión Europea (UE) —y más particularmente en la zona euro— aun aquellos que se congratulan, considerando que al menos el acuerdo tiene la virtud de aportar “estabilidad”, concuerdan en que se trata de un convenio “desequilibrado” y, en cierto sentido, una claudicación ante el “patotero de la clase”.
Según lo pactado, a partir de ahora, los productos europeos que ingresen al territorio estadounidense estarán sujetos a aranceles del 15%.
Desde principios de abril, Estados Unidos ya grababan los productos europeos con un 10%. Por lo tanto, ese porcentaje se elevará al 15%, sin que la Unión Europea desencadene represalias contra los productos estadounidenses que lleguen a Europa.
Ursula von der Leyen insiste en que se trata de “un buen acuerdo, que aportará estabilidad”. Y tampoco es la única. Su conciudadano alemán, el canciller Friedrich Merz, se congratuló afirmando que evitará “un conflicto comercial que habría afectado duramente a la economía alemana”, aunque lamentó que no se hubiera reducido más el arancel básico. Un argumento también utilizado por la jefa del gobierno italiano, Giorgia Meloni.